El caminante ante el mar de niebla

Este maravilloso cuadro que abre nuestro blog como si de la portada de un libro no escrito se tratara, pintado por Caspar David Friedrich en 1818, es uno de sus cuadros más importantes y conocidos y de hecho, uno de los muchos que de entre su producción se han utilizado como imagen para las cubiertas de obras de ficción y ensayo editadas en España en los últimos años.

El caminante es un hombre que mira con incertidumbre el gran espacio que se abre ante él; el vacío que ocupa la niebla, una sustancia etérea, entre las montañas, simboliza el futuro que se abre ante nosotros, las posibilidades que se nos presentan, todo aquello que tenemos por delante y desconocemos. De ahí la incertidumbre: somos testigos de aquello a lo que estamos expuestos pero desconocemos su alcance, sus límites, lo que nos depara…

Esta sensación de cierta angustia y desasosiego, que es la que en definitiva marca las pautas de nuestras vidas, es también la que nosotros sentimos ante la abrumadora cantidad y calidad de las palabras de otros que se publican cada año.

El personaje del cuadro, pintado de espaldas, como la gran mayoría de los personajes de Friedrich, para que al observador le resulte más sencillo meterse en la imagen, deambula (en inglés se titula The Wanderer, «el que deambula») por entre las nubes o la niebla o sus propias dudas para saber hacia dónde dirigirse, qué camino tomar. Ese caminante somos nosotros, y como nosotros muchos otros más, que tenemos claro nuestro horizonte pero no cómo llegar hasta él.

Nosotros deambulamos entre un mar de palabras, las de otros, en busca de las nuestras.


lunes 14 de noviembre de 2011

Some things, love, belief, the kind eyes of a dog, these, you know, can't be explained.


Boy in the World, Niall Williams

jueves 27 de octubre de 2011

F

Me dirigía a ti, no sentía el frío ni la lluvia, sólo urgencia. Corría para al final ir más despacio, tenía que llegar hasta ti. Te buscaba, recorría la habitación con la mirada borrosa. Y entonces seguí el pasillo y al doblar la esquina te encontré, te encontré ahí, donde no quería que estuvieras.

miércoles 6 de julio de 2011

Leer entre líneas

Misterios y vericuetos para alcanzar lo imposible.
Buscar un punto entre el cielo de tus ojos,
perder una coma entre un silencio infinito.
Sé que lo sabes. Sé que lo lees.
No sé por qué escribo, entre líneas,
un añoro que no entiendes.
No soy más que un lobo
con sueños hambrientos
que siempre vuelve a su guarida...
a escribir...
entre líneas.

martes 5 de julio de 2011

ALUMBRAMIENTO Y ESPERA

Luna llena de impaciencia,
luz abarrotada de esperanza...
Qué momento tan mágico que hace detener el mundo
para que sólo importe el alumbramiento.
Ya se le siente,
como presentimiento en cascada
de vida eterna.
Merece la pena vivir así,
con el corazón a punto del desboque,
con la incertidumbre del tiempo
en el origen de todo.
¡Qué misterio, la vida!

Cuando hay espera no importan las brújulas.
El amanecer es seguro y también el encuentro.
Corazón palpitante y en el estómago,
desbocados, la impaciencia y el sueño.
Y los recuerdos, como girones del alma..
a combatir en la memoria como lanzas fugaces.
¡Qué incertidumbre la vida!

sábado 4 de junio de 2011

Morriña

Me enamoré de ella en el mismo momento en que la conocí; me enamoré de sus ojos verdes, de su canción, de su alegría y calidez. Me invadió su aroma y me cautivó por completo, para siempre.

jueves 24 de marzo de 2011

Amor callado

Amor callado, que jamás se queja;
amor que, en la discreta madrugada,
solo acierta a poner, junto a tu reja,
la ilusión de una estrofa perfumada.
Amor de un alma taciturna y vieja;
amor que es como música olvidada,
que tiene azul resignación de oveja,
que lo da todo y que no pide nada.
Amor es eso, amar como te amo,
sin medir tu desdén, sin que un reclamo
haga que el alma de esperanza estalle.
Amor sin arrebatos y sin ruido,
que espera que tu hogar este dormido
para pasar entonces por tu calle.

Miguel Ángel Peguero, poeta dominicano

lunes 7 de marzo de 2011

Sin tí(tulo)

Una misma conversación pronunciada dos veces. Tú y yo tan cerca y sin embargo ahora tan lejos. Otra fecha vacía en el calendario, otro hueco en el corazón.

sábado 26 de febrero de 2011

Me he vuelto a encontrar con Willa

Tras superar la timidez inicial después de un breve e involuntario distanciamiento, hemos recuperado la confianza y todo ha vuelto a ser como siempre: un lenguaje común pero distinto dentro del mismo universo rural.

domingo 6 de febrero de 2011

Comienzo (2)

El último está entregado

... y sabré lo que es al fin la libertad.

lunes 3 de enero de 2011

Comienzo

"Never underestimate the importance of the Beginning. Of anything. The beginning has the seeds of everything else to come. Where and how something starts out matters!"

The Memory Bank, Carolyn Coman

sábado 18 de diciembre de 2010

Y todo el mundo se puso de acuerdo

Fue como un sueño, no duró más de un minuto, pero todo el mundo se puso en pie y aplaudió. Al unísono. Sim importar el color, el dolor o la adversidad. Durante un minuto, todas las personas fueron una.

viernes 17 de diciembre de 2010

Otro día marcado en el calendario

Ella era la hija; ahora será la abuela, algún día; yo he dejado de ser nieta para convertirme en madre, algún día. Abuela, madre, hija, nieta. Todas han pasado a la primera fila, han dejado sus viejos roles para sustituirlos por unos nuevos. No es más que el curso de la vida.

miércoles 27 de octubre de 2010

Comprendí que era cierto

Cuando le vi a él lo comprendí. Hasta ese momento mis sentidos se habían negado a creer, nadaban en una nube blanca y espesa de irrealidad, pero cuando le vi a él lo comprendí: comprendí que era cierto.

Su mano estrechando mi mano, su mirada fija en mí, diciéndome todo lo que su boca no alcanzaba a articular, y yo respondiéndole en el mismo lenguaje mudo del dolor.

Su rostro humedecido. ¿O era el mío? Lágrimas fundiéndose en el centro de esa isla que formaba nuestro abrazo, nuestra comprensión mutua, nuestra mutua pérdida.

martes 26 de octubre de 2010

El hijo de la novia

-Dios te acompaña a todas partes, hijo.
-Sí, pero siempre pago yo, Padre, alguna vez podría invitar la casa.

sábado 9 de octubre de 2010

La lluvia, siempre la lluvia

No sé si es porque siempre es en otoño, o en invierno, o porque el frío que siento dentro de mí es tan intenso que es capaz de extrapolarse, amplificarse y convertirse en lluvia, pero siempre llueve, como si la Naturaleza tratara de consolarme o consolarse a sí misma por el daño irremediable que ha provocado, por la ausencia y el vacío que ha causado.

Y debe de ser así porque su silencioso repiqueteo de alguna manera me tranquiliza y me consuela, porque no tengo que disimular: estoy triste, Ella lo sabe y simplemente lo respeta, con sinceridad.

Ella es la responsable porque no puede detenerse, el ciclo vital comienza, avanza y llega a su fin de forma inexorable y como no puede evitarlo simplemente me acompaña con su arrullo, tímidamente.

viernes 8 de octubre de 2010

Mi pequeña Croqueta (versión)


(1995-2010)

jueves 7 de octubre de 2010

Head, Heart

Heart weeps.
Head tries to help heart.
Head tells heart how it is, again:
You will lose the ones you love. They will all go. But even the earth will go, someday.
Heart feels better, then.
But the words of head do not remain long in the ears of heart.
Heart is so new to this.
I want them back, says heart.
Head is all heart has.
Help, head. Help heart.
de Varieties of Disturbance
Lydia Davis

jueves 23 de septiembre de 2010

Esconderse en un rincón del mundo

Sólo has de tener un poco más de paciencia.
Los nubarrones de la melancolía
se despejarán en un abrir y cerrar de ojos.

¡Todo el mundo tendría que abrazar unas esperanzas tan grandes como el cielo!

Jimmy Liao
Barbara Fiore Editora

miércoles 22 de septiembre de 2010

La vida es cuestión de prioridades...

A veces, ante un dilema, no tenemos claro qué camino debemos tomar. Entonces el sentido común se abre paso y nos dice: oye, lo primero es lo primero. Y sí, muchas de esas veces se juntan dos hechos simultáneos e incompatibles que nos obligan a elegir y decantarnos por uno o por otro sacrificando de forma inevitable una de las dos opciones. No siempre podemos quedarnos con el que quisiéramos.

El otro día fuimos a un concierto. No nos metimos en el mogollón, hace mucho tiempo que no cometemos esa locura, porque admitámoslo: una chica no muy alta y más bien flojilla como yo no hubiera aguantado ahí dentro; pero a veces el «mogollón» viene a nosotros de forma irremediable (e irrefrenable). En ese momento en el que me vi (literalmente) sobrepasada por una masa de gente eufórica y sudorosa, se dio una situación de las que antes mencionaba: me vi obligada a elegir entre disfrutar de la posición privilegiada a la que había llegado (o me habían hecho llegar) delante del cantante o rescatar mis gafas de un homicidio (muy) voluntario y bastante pringoso por parte de ese desconsiderado «mogollón».

La cosa estaba clara: necesitaba mis «segundos ojos» en el estado en que estuvieran (que podría haber sido peor, todo hay que decirlo) para volver a casa (para ver el camino a casa, se entiende). Así que no podía hacer otra cosa, el juguetón Destino había elegido por mí: debía perderme el momento crucial del concierto (y probablemente el único que a partir de ese momento viera con nitidez debido a mi miopía) porque algún codo espabilado quiso bailar con mis gafas un agarrao y éstas respondieron con su propia versión del ya conocido movimiento de «la cobra» para ir a parar al suelo.

Así que, tras meditar sobre el diabólico sentido del humor del Destino, la conclusión a la que llego es que la vida es cuestión de prioridades y lo primero es lo primero (aunque esto no siempre coincida con nuestra principal opción). Y con respecto al concierto, bueno, qué le voy a hacer, como diría Danny Glover en la inolvidable saga de Arma letal: «I’m too old for this shit».

martes 14 de septiembre de 2010

sobre Willa

"... la vida sin posibilidad de lo nuevo, la existencia sin la presencia del riesgo, el pasar adormecido del tiempo de la propia historia, dejarían el espíritu yermo y vacío."

Lo que pesa el humo, Javier Aranguren

viernes 18 de junio de 2010

Adiós, Maestro

... entonces podrá preguntar, Muerte, dónde está tu victoria, sabiendo no obstante que no recibirá respuesta, porque la muerte nunca responde, y no es porque no quiera, es sólo porque no sabe lo que ha de decir delante del mayor dolor humano.


Las intermitencias de la muerte, José Saramago (1922-2010)
Traducción de Pilar del Río

sábado 17 de abril de 2010

¿Quién es el monstruo en realidad?

Mi encuentro (literario) con Frankenstein fue muy tardío pero marcó un punto de inflexión tanto en mis estudios como en mi carácter como lectora.

Decidí enfrentarme al texto en su lengua original, lo que implicaba leer por primera vez un texto de esta extensión en inglés (casi un reto para mí). Y no fue fácil: el formato epistolar del texto, el vocabulario tan técnico, los hechos tan insólitos... me costó tanto como me entusiasmó.

Antes de leer el libro, la historia de Franenstein (refiriéndose erróneamente al monstruo) había llegado a mis oídos en forma de versiones televisivas o leyendas pero, y quizá por ello, cuando conocí el relato tal y como su autora lo había concebido, me sorprendí. Y no es que sea una entusiasta del género (más bien soy una ignorante), es que el monstruo que ella creó no tiene mucha relación con las imágenes que de él conocía. De este ser que sólo quería ser feliz y compartir esa felicidad con alguien, que había sido creado sin ser concebido y que había nacido como consecuencia de la ambición de un hombre y no de su amor, de este «monstruo», se puede afirmar con justicia que no es malo, que simplemente «le han dibujado así». Y es que sin quererlo es el portador de un mejunje de los peores sentimientos y deseos del ser humano, un conjunto de remiendos que más que de carne está hecho a partir de la ambición, el orgullo, la vanidad y la pretensión. ¿Quién es pues el monstruo, el conjunto de parches humanos o las manos que le dieron vida?

No puedo evitar sentirme conmovida por este pobre infeliz que llegó a este mundo lleno de odio y de rechazo sin querer y sin saber de qué están realmente hechos los seres humanos. ¿Por qué es un monstruo, porque no tiene apariencia perfecta y no es un Adonis o porque su reacción ante el rechazo de los demás no es otra cosa que aquello que ha visto en el hombre? Porque, ¿qué puede haber más característicamente humano que el odio y la incomprensión?

Tras conocer la vida de la creación, me sumergí de lleno en la vida del creador (creadora, en este caso) y me rendí a sus vivencias y a un talento tan inmenso descubierto casi por casualidad. Me cautivó el modo en que iba superando todas las desgracias que se iban sucediendo en su vida de una forma casi irreal (¿cómo es posible que se concentre tanta desdicha en la vida de un ser humano?). Me pareció una vida dolorosa pero al mismo tiempo no podía dejar de leer sobre ella, y tanto el monstruo como la autora entraron en mi vida (lectora) y se instalaron en la galería de las historias que dejan huella.

¡Qué humano me pareció este ser tan inhumano!, que reúne en sí todos nuestros miedos y anhelos. Y de nuevo, ¿qué puede haber más característicamente humano que el miedo a estar solo?

Hablé de la extrema ambición de los hombres, pero también de su fragilidad. Traté de describir la profunda insatisfacción de los solitarios y la rebeldía de los sufrientes frente al destino y su creador. Narré el ansia inexpresable de ternura y el deseo aún más profundo de venganza y muerte. La fuerza de nuestros propios sueños y la forma cruel en que la existencia los deposita a menudo en nuestras manos, oscurecidos hasta convertirlos en la peor de las pesadillas.
Ángeles Caso, de Frankenstein (451 Editores, col. Re: make)

sábado 3 de abril de 2010

Palabras de otro: Pessoa

Diez mil veces se partió mi corazón dentro de mí. No puedo contar los sollozos que me emocionaron, los dolores que consumieron mi corazón.

Y sin embargo, también vi otras cosas que me llenaron los ojos de lágrimas y me agitaron como una hoja olvidada. Vi hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo, por los demás. Vi actos de una entrega tan grande que me hicieron llorar lágrimas de alegría. Estas cosas, pensé, son hermosas, aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros de sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del Mundo.

Charles-Robert Anton
(Diarios, Fernando Pessoa)

jueves 25 de marzo de 2010

A mi hijo Hugo. (Verano 2009)


Vas a ver amor.
Serás piel temblorosa sobre mi piel orgullosa.
Te mecerán mis brazos e intentaré hacerlo bien.
Alegría y luz serás. Seremos.
Te enseñaré el azar y el destino
y tus ojos, pozo de inocencia,
transformarán tu vista en sabio afán de entrega.
Tendrás que luchar. Habrá días grises
y cosas tristes. Pero habrá que seguir
siempre hacia delante.
Tu mamá te amará por encima de todo.
Será tu cielo y tu reposo
y te mostrará el camino con su corazón
auténtico y sus sentimientos hermosos.
Ven, hijo, te propongo un reto:
Nace para ser feliz.
Para ver la claridad de los días,
Para comprender con ojos inocentes
las dentelladas de este mundo.
Estaremos a tu lado, con el ahínco
y toda nuestra dulce entrega.
Eres una aventura maravillosa.
Estaremos siempre aquí para ti.Lobo

miércoles 24 de marzo de 2010

Pérdida

La pérdida, ese reposo esperando la nada, ese sentir de amargo recuerdo. Una experiencia que no se olvida, un lugar donde tenues las vivencias se eligen. El recuerdo o el olvido, que magnífica elección de vida y muerte. No hay recuerdo sin olvido. No hay olvido sin recuerdo.
Una imagen de dolor: un adiós un hasta siempre. Comprender que la ausencia es necesaria para sobrevivir de nuevo. Que aquello que se marcha, queda, ya para siempre y que cada uno lo guarda como anhela, por pura protección o cobardía no se enfrenta a su recuerdo y que la perdida es la fatal ausencia de uno mismo, del que fue y ya no se encuentra en otro lugar de aquella pretérita manera.
Incluso lo eterno se marchita si es verdadero. Hace falta valor para volver a buscarse en lo que éramos, puesto que lo que fuimos ya no seremos. Pasa el tiempo y posponemos el retrato. Ya nadie se vacía en los anhelos. Esperamos una respuesta a un problema propio, a una consciente y nublada falta de identidad propia. Al final tu mismo te eliges.
Se deja pasar el tiempo, pero los recuerdos no envejecen, a veces te atrapan, te enroscan en una letanía de muerte. Uno se hace el ciego y otro miente. Cada uno a solas lo descubre, su íntimo secreto, su misteriosa pérdida.
Me hago viejo y ya no siento. Vaga excusa. El dolor me hizo de hierro. Argumento cobarde pero cierto.

miércoles 17 de marzo de 2010

Dream

Dream, when you're feeling blue
Dream, that's the thing to do
Just watch the smoke rising rise in the air
You'll find your share of memories there
So dream when the day is through
Dream, and they might come true
Things never are as bad as they seem
So dream, dream, dream


Roy Orbison

lunes 22 de febrero de 2010

En la soledad de la cueva...

... los días son oscuros aunque brille el sol. El mar blanco de letras negras está en calma mientras mi alma se agita y se desboca en un torbellino de incertidumbre.

Las horas pasan lentas, densas y el tiempo se convierte en un villano eterno, desarmado pero invencible.

Espero anhelante una voz que me saque de este abismo y me devuelva a mi palacio, a mi reino, a mi ser. Volver a ser la gobernadora de las palabras, la embajadora de las ideas ajenas.

martes 29 de diciembre de 2009

Sin título

El Cielo llora las lágrimas que me llenan el pecho,

como si entendiera de dolor, de impotencia y de miedo;

en su infinita magnitud se apiada de mí y comparte mis sentimientos,

y me acompaña, callado, triste, solemne y respetuoso.

No se burla de mi pequeñez, de mi insignificancia,

tan sólo está, derramando el agua que de mis ojos no sale,

recordándome su presencia, constante, silenciosa, como la cercanía de un buen amigo.

sábado 14 de noviembre de 2009

Imágenes

El tiempo se diluye mientras me entretengo colocando fotos, ordenando pedacitos rectangulares de mis recuerdos, momentos encapsulados en un espacio de diez por quince.

Qué vívido es el recuerdo cuando uno lo contempla; qué felicidad, qué frío, qué belleza, qué ausencia, qué lejano…

La esencia de lo que fuimos, somos y seremos unida por cuatro anillas férreas en un océano de hojas blancas; los que estamos, los que estuvieron, los que se fueron… todos juntos en cada cajón de la memoria individual.

Elegía primera

A Federico García Lorca

Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

Verdura de las eras,
¿qué tiempo prevalece la alegría?
El sol pudre la sangre, la cubre de asechanzas
y hace brotar la sombra más sombría.

El dolor y su manto
vienen una vez más a nuestro encuentro.
Y una vez más al callejón del llanto
lluviosamente entro.

Siempre me veo dentro
de esta sombra de acíbar revocada,
amasado con ojos y bordones,
que un candil de agonía tiene puesto a la entrada
y un rabioso collar de corazones.

Llorar dentro de un pozo,
en la misma raíz desconsolada
del agua, del sollozo,
del corazón quisiera:
donde nadie me viera la voz ni la mirada,
ni restos de mis lágrimas me viera.

Entro despacio, se me cae la frente
despacio, el corazón se me desgarra
despacio, y despaciosa y negramente
vuelvo a llorar al pie de una guitarra.

Entre todos los muertos de elegía,
sin olvidar el eco de ninguno,
por haber resonado más en el alma mía,
la mano de mi llanto escoge uno.

Federico García
hasta ayer se llamó: polvo se llama.
Ayer tuvo un espacio bajo el día
que hoy el hoyo le da bajo la grama.

¡Tanto fue! ¡Tanto fuiste y ya no eres!
Tu agitada alegría,
que agitaba columnas y alfileres,
de tus dientes arrancas y sacudes,
y ya te pones triste, y sólo quieres
ya el paraíso de los ataúdes.

Vestido de esqueleto,
durmiéndote de plomo,
de indiferencia armado y de respeto,
te veo entre tus cejas si me asomo.

Se ha llevado tu vida de palomo,
que ceñía de espuma
y de arrullos el cielo y las ventanas,
como un raudal de pluma
el viento que se lleva las semanas.

Primo de las manzanas,
no podrá con tu savia la carcoma,
no podrá con tu muerte la lengua del gusano,
y para dar salud fiera a su poma
elegirá tus huesos el manzano.

Cegado el manantial de tu saliva,
hijo de la paloma,
nieto del ruiseñor y de la oliva:
serás, mientras la tierra vaya y vuelva,
esposo siempre de la siempreviva,e
stiércol padre de la madreselva.

¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

Tú, el más firme edificio, destruido,
tú, el gavilán más alto, desplomado,
tú, el más grande rugido,
callado, y más callado, y más callado.

Caiga tu alegre sangre de granado,
como un derrumbamiento de martillos feroces,
sobre quien te detuvo mortalmente.
Salivazos y hocescaigan sobre la mancha de su frente.

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

Oigo pueblos de ayes y valles de lamentos,
veo un bosque de ojos nunca enjutos,
avenidas de lágrimas y mantos:
y en torbellino de hojas y de vientos,
lutos tras otros lutos y otros lutos,
llantos tras otros llantos y otros llantos.

No aventarán, no arrastrarán tus huesos,
volcán de arrope, trueno de panales,
poeta entretejido, dulce, amargo,
que al calor de los besossentiste, entre dos largas hileras de puñales,
largo amor, muerte larga, fuego largo.

Por hacer a tu muerte compañía,
vienen poblando todos los rincones
del cielo y de la tierra bandadas de armonía,
relámpagos de azules vibraciones.
Crótalos granizados a montones,
batallones de flautas, panderos y gitanos,
ráfagas de abejorros y violines,
tormentas de guitarras y pianos,
irrupciones de trompas y clarines.

Pero el silencio puede más que tanto instrumento.
Silencioso, desierto, polvoriento
en la muerte desierta,
parece que tu lengua, que tu aliento,
los ha cerrado el golpe de una puerta.

Como si paseara con tu sombra,
paseo con la mía
por una tierra que el silencio alfombra,
que el ciprés apetece más sombría.

Rodea mi garganta tu agonía
como un hierro de horca
y pruebo una bebida funeraria.
Tú sabes, Federico García Lorca,
que soy de los que gozan una muerte diaria.


Miguel Hernández